Supongo que todo comienza como en una noche de verano.
Isaac esperaba nuestro reencuentro había venido con dos amigas, Silvia
y Gema, esperan bailando y bebiendo en el mismo bar donde más de mil veces
Isaac había sentido la noche, sus lujurias y sus bailes, estaban excitados,
hacia meses desde su marcha definitiva y eran demasiadas cosas, hacia poco que
había decidido volver a Barcelona para seguir allí con su vida, mientras que yo
seguía terminando mis estudios de Bellas Artes en Cuenca, durante varios años
nos convertimos en inseparables, en amigos, en compañeros de piso, de risas y
confidencias profundas, estaba deseando volver a verle, a abrazarle con la
seguridad de que sería como si no hubiera pasado el tiempo entre nosotros.
Caminaba deprisa y emocionada ya me esperaban.
Mabel y yo entramos al bar, ella era una chica con la que tenía una
pequeña aventura y aunque la conocía de habladurías en realidad ella y yo
acabábamos de conocernos, al entrar vi a Isaac, al fondo en lo que
cariñosamente llamábamos la zona vip, no por privada si no porque siempre fue
el lugar de nuestros bailes exagerados, borracheras y ligoteos. Era una zona
del bar relativamente escura y la barra al hacer esquina en ese lugar la hacía
un poco más limitada, solté a Mabel y fui corriendo hacia allí para abrazarle,
el reaccionó de la misma forma y corrió hacia mí, nos fundimos en un trágico
abrazo lleno de saltos sin sentido, gritos y besos, así éramos allí un par de
exaltados jóvenes, una vez dejamos de abrazarnos ya me presento a Silvia ya que
a Gema ya la conocía de otras veces que había venido a ver al Isaac, yo como me
suelen decir muy caballerosamente la bese y la dije que estaba encantada de
conocerla al fin, ya que Isaac ya me había contado su vida, sabía que
estudiaba, sabía que tenía pareja y se puede decir que incluso sabía cómo era,
yo por mi parte presente a mi
acompañante, cuando terminamos las presentaciones me acerque a la barra para
poder pedirme algo de beber, la noche acaba de comenzar, volví a acercarme a
Isaak quería estar con él hablar de todo y reírnos de todo como tantas veces
habíamos hecho, nos pasamos la noche haciéndolo, recordando nuestros absurdos
bailes de noches absurdas, de vez en cuando alguna mirada, algún gesto o
palabra se iban, para compartirlas con Silvia y Gema y hacerlas participes de
nuestra alegría, estaba tan absorta en ellos que olvide que había ido con
alguien, lo que una noche más se convirtió en un reproche y una bronca
monumental, mientras trataba de hacerla entender que aún no tenía tanto derecho
a decirme nada puesto que solo nos habíamos acostado un par de veces, pero creo
que Mabel había comenzado a enseñarme como era realmente y donde ella veía una
relación formal yo solo veía reproches y una extraña necesidad de no sentirme
sola.
Al día siguiente habíamos quedado para comer, Isaak iba a hacer ese
pollo al horno con verduras que de tantos atascos culinarios nos había sacado,
le llame para preguntarle si necesitaba alguna cosa que pudiera comprar o si
quería que llevara algún vino o bebida, mientras hablábamos me dijo que Silvia
no se encontraba muy bien que le dolía la garganta, me la pasó al teléfono para
que ella misma pudiera preguntarme si tenía en mi casa ciertas hierbas que en
té podrían aliviarla, su voz me dolorida hizo que despertara en mi un sentimiento
protección hacia ella.
Estuvimos hablando pocos minutos y después de decirla que no tenia
tomillo y ofrecerme a comprarle algo, colgamos el teléfono, me había dicho que
no la comprara nada pero no puedo evitar actuar así y decidí desviarme un poco
para ir al herbolario de carretería a comprarle una bolsita de tomillo, la cual
en infusión con mil va muy bien para el dolor de garganta.
Al entrar fue como si siguiera viviendo en esa casa, todo estaba
igual, y cada uno estaba a sus cosas, yo fui directamente a la cocina, después
de saludar, Silvia estaba allí ayudando con la comida, metí la mano en mi bolso
y saque dos paquetes de uno era de tomillo y el otro era una mezcla de hierbas que
la mañosa dependienta me había ofrecido como un remedio eficaz. Se los ofrecí, ella me miró fijamente a los
ojos no más de 3 segundos, en ella podía ver su agradecimiento y su sorpresa,
no sé qué está pasando pero Silvia comienza a despertarme deseo.
Trate de actuar pensando en que tenía de dejar de mirarla, ya que me
pongo nerviosa y trato de hacerme la simpática lo que termina siendo todo lo
contrario, pues acabo diciendo completas absurdeces que dejan a todo el mundo
en el más incomodo silencio, por no mencionarme a mí misma, que me siento
estúpida total.
Recuerdo que Silvia llevaba una camiseta blanca recortada de tal modo
que dependiendo del movimiento dejaba a la imaginación muy pocas cosas, cosa
que no podía dejar de mirar con miedo a que me pillase mirando y me tomara por
salida, pero yo pensaba que si se mostraba así…
Llego la hora de la comida y vinieron unos amigos de Isaac, y comimos
juntos charlando y riendo mientras sin querer se me cruzaban miradas con Silvia
lo que empezaba a ponerme más y más nerviosa.
Una vez terminamos y limpiamos la cocina los amigos de Isaac se fueron
a casa y como teníamos pensado salir esa noche Isaac con toda la confianza nos
dejo solas para ir a dormir una siesta.
Entonces, ya sentadas en el sofá en forma de L que
tiene Isaac en su casa, nos acomodamos y nos dedicamos a hablar.
Hablábamos de
nuestras vidas, del momento en el cual nos encontrábamos, de lo que pensábamos
acerca de ciertos temas complicados como el amor, la salud, la amistad... Me
contaba cómo trataba a las personas de su alrededor y me encantaba... a ratos
notaba que lo que yo quería era alguien así a mi lado. Me sentía muy
identificada con ella en ciertos aspectos de nuestra personalidad.
De pronto, llego Isaac parecía que ninguna de las dos
lo esperara como si nos hubiera sorprendido que pudiera volver, aunque
realmente nuestro papel era el de esperarlo en el sofá mientras nos conocíamos
un poco más.
Los pensamientos anteriores se diluyeron en el nuevo
ambiente.
Ninguna de las dos mostraba aparentemente darle mayor
importancia a la situación. Comimos, vimos la televisión, reímos, recogimos,
estudiamos…
Me daba cuenta de que algo fascinante había surgido
entre las dos, pero estaba muy oculto, aquello no salía fácilmente a la luz,
por ambas partes y por miedo. Comenzó mi ciclo de un querer y no poder que no
tenía conciencia de hasta cuándo podría prolongarse... Intentaba deshacerme de
la idea de que hubiera aflorado algún sentimiento.
Al rato, llego Manu un chico que ahora vivía en mi
antigua habitación y que además trabajaba en el bar que tanto frecuentábamos,
Isaac y yo queríamos descansar, estar tranquilos, quizá solos, para recordar
viejos tiempos en que habíamos disfrutado mucho uno del otro, aunque
sinceramente si quería estar sola era para sonsacar mas información a Isaac
sobre Silvia pero de una forma sutil, para evitar que él le diera importancia a
algo que seguramente no la tenía.
Más tarde, al regresar Silvia y Manu y tras hablar un poco sobre cómo se nos había
dado la tarde a cada uno; quisimos ponernos manos a la obra con la cena.
Vendrían de nuevo los amigos del instituto de Isaac, así que había que salir a
comprar algunas cosas para cocinar.
Para ello Silvia se ofreció a salir con rapidez a
comprar y yo me retuve aunque me apetecía mucho hacerlo, pero mi mente iba como
una locomotora pensando y al final saque valor aun no sé de dónde y me ofrecí a
acompañarla.
Desde el momento en que supe que ya nos íbamos, entre
en un extraño estado de nervios, lo cual me hacía pensar que estaba flipando,
me obligaba a pensar que tenia novia y que no iba a intentar nada, recreé en mi
imaginación todo el camino que teníamos que hacer y las posibles conversaciones
que se podían dar durante el trayecto.
Recuerdo la ilusión que tenía por cruzar el umbral de
la puerta con ella, dejando atrás todo lo que nos podía separar. Quería saber
más de ella y quería sorprenderla besándola dulcemente cuando
pasáramos por una escalera que había para bajar de una calle a otra, cosa que
obviamente no sucedió pero puestos a soñar…
Y ahí se dio nuestro primer paseo juntas. Como dos
desconocidas que se habían caído bien. También con matices de atracción
disimulada. Tengo que decir que no me atreví a pronunciar ni la mitad de las
cosas que había planeado. El paseo se hizo sumamente corto. Maldecía que
hubiera alguien esperándonos. Maldecía el hecho de que tuviéramos que privarnos
de muchas cosas.
Entonces llegamos a casa y la velada transcurrió, sin
más. Tan sólo algunos comentarios sugerentes se lanzaban al vuelo sin piedad.
Ya era algo común entre nosotras dos.
Al terminar de cenar y tras largos diálogos, nos
fuimos de nuevo a nuestro bar como el día anterior. Allí disfrutamos de bailes,
canciones gritadas y alguna que otra indirecta entre ambas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario